sábado, 18 de octubre de 2014

Iniciativa Día Uno #2 (Alba)

¡Hey! Hoy os traigo la segunda hoja de diario perteneciente a la iniciativa de El Tridente Literario.

Antes de nada, tengo que deciros que el texto que os voy a poner no está en forma de "diario" ya que me resultaba bastante difícil contar lo que quería contar en ese formato. Por ello pido disculpas al no respetar del todo la iniciativa. Añado que aun no siendo un diario, mantengo la parte de "Día uno".

También quiero comentar que aunque apoyo 100% la idea de la iniciativa, el tema que esta semana nos propuso Toni, el suicidio, no me agrada mucho, por lo que creo que no he estado a tope en este relato.

Bueno, no me enrollo más, aquí va:

Día uno:

Pulso las teclas casi sin ser consciente de ello. Intento relajarme, pero no consigo que la obra salga tan perfecta como quiero. Bueno, más bien, necesito.
Tengo que irme y ya está anocheciendo, lo que supone que mamá y Alf vendrán enseguida.
Mis dedos se deslizan sobre las distintas notas del piano mientras observo cómo la grabadora  va sumando minutos.
Posiblemente te preguntes, amigo anónimo, por qué iba a grabar una pieza si estoy a tan sólo unos minutos de cambiar de barrio. Al principio no lo tenía pensado, pero más tarde creí que mis familiares y mascota se merecían que les dejase grabada una de esas piezas que tanto les gusta.
Las partituras, de alguna manera, se sienten como si quemaran al pasarlas y con ellas, se va aquella combinación de graves y agudos que me tanto recuerda a la quinta sinfonía de mi ídolo, Beethoven.
Nota a nota, me va viniendo a la mente por qué hace días decidí que mis dieciséis años serían los últimos, y es que no puedo ver un mundo sin él. Antes del accidente no me daba cuenta, pero tras recapacitar, él fue quien me dio algo por lo que vivir en aquellos años en los que ni papá ni mamá se ocupaban de mí. Él me presentó a la música y, tras su muerte, me di cuenta de que no fue ella la que me sacó de aquel vacío, si no él, esa nota de sueños y esperanza que se apagó aquella noche de año nuevo.
La canción ha acabado y no me doy cuenta de que estoy llorando hasta que una lágrima cae sobre la tecla que aún mantengo pulsada. Sin soltarla, paro la grabación de mi móvil y lo cojo mientras me dirijo al baño.
Poco a poco me introduzco en el agua caliente y, una vez dentro de la bañera, voy dibujando con una afilada hoja las notas de aquella primera partitura que él me mostró.
Me relajo y, cuando me quiero dar cuenta Alf está junto a mí, ladrando preocupado. Intento acariciarle, pero sencillamente me resulta imposible. A medida que los segundos pasan, me va entrando sueño.
Aun así, alzo la vista y es entonces cuando advierto que está ahí, vestido con esos pantalones holgados que tanto me gustaban y con su camiseta a juego. La vista se me nubla pero puedo apreciar cómo las lágrimas le caen por el rostro. En un instante dejo de sentir nada, así que decido levantarme y abrazarle. No le siento, pero sé que le estoy tocando. Tampoco escucho nada, pero a la vez oigo los ladridos cada vez más intensos de Alf, en armonía con sirenas que ya no significan nada para mí.
Continuamos abrazados durante una eternidad, pero eso me gusta. Y es que después de tanto tiempo le vuelvo a ver, a mi hermano, a mi muerte.

No olvidéis contarme qué os ha parecido el texto por los coments ^^
Gracias por leernos.
Un abrazo, Alba.

3 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Jo Alba, no habrás rendido con el tema (que no comparto esa opinión), pero alguna lágrima si que me has sacado...

    ¡Nos leemos!

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    Respuestas
    1. ¡Buenas!
      Gracias, la verdad es que no me esperaba que algo en condiciones jajaja
      Un abrazo, Alba.

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